domingo, 24 de septiembre de 2017

Nueva dinámica de aprendizaje

El reto permanente de la educación en el contexto actual demanda que tanto profesores como estudiantes entren en una nueva dinámica de aprendizaje y desaprendizaje basada en cinco declaraciones: (Britos y Fasihuddin, 2016)
  • Deben sentirse cómodos con la incertidumbre y la ambigüedad
  • Deben resolver o solucionar situaciones problemáticas y buscar nuevas
  • Deben ser pensadores audaces: pasar de “qué es” a “qué podría ser”
  • Deben generar espacios para materializar “errores brillantes” o productivos
  • Deben emprender diferentes maneras de pensamiento y aprendizaje

Lo anterior supone cambiar las certezas de las experiencias del aula, por las posibilidades de los retos del entorno; un ejercicio de descubrimiento que exige tanto de profesores como estudiantes una disposición para profundizar juntos y co-laborar en el diseño de una propuesta que hasta la fecha no existe y dar cuenta de un ciclo de renovación permanente que supere la zona cómoda (ver figura 1).

Figura 1. Propuesta de nueva dinámica de aprendizaje (Autoría propia)

Las situaciones problemáticas del entorno se deben convertir en el nuevo currículo de las escuelas y universidades, como quiera que es allí donde ocurre la conexión entre el reto natural que tiene el estudiante con la oportunidad para revelar aspectos novedosos del conocimiento. En este sentido, el cuerpo de temas o conocimientos que refiere un currículo, son las preguntas que se plantean alrededor del escenario del problema, como la base de la ruta de aprendizaje que tanto estudiante como profesor van a trazar para lograr una vista conjunta del desafío que sugiere el mundo real.

El pensar de manera audaz, exige salir de la zona cómoda, de la vista disciplinar a la que estamos acostumbrados y darse la oportunidad de explorar puntos de vista distintos desde otras disciplinas o propuestas de pensamiento. La exigencia de una respuesta para una evento o hecho, no debe opacar el ejercicio de “aquello que puede ser”, como una experiencia de opciones donde es posible imaginar y ver posibilidades que retan el contexto vigente y el estado actual de la práctica en un dominio específico.

Concretar una educación para el siglo XXI es entender el error como parte natural del proceso (De la Torre, 2004). No es motivar el error per se, sino concretar escenario de experimentación y simulación donde éste sea productivo, es decir,  en palabras de Schoemaker (2011), errores cuyo beneficio es mayor al costo de cometerlos. Esto es, contar con una zona psicológicamente segura donde es posible pensar sin restricciones y cuestionar los supuestos de la situación inicialmente analizada. Cuando esto ocurre, es posible desconectar el entorno de sus variables conocidas y enriquecerla con reflexiones inéditas a la fecha.

Lograr lo anterior, demanda una apuesta para emprender permanentemente posturas distintas y pensamientos incluso contrarios a los que se tienen a la fecha. Las contradicciones, las rarezas y las inestabilidades se convierten en las maestras de las reflexiones actuales, habida cuenta que son la ocasión para construir y deconstruir las formas actuales de conocer y explorar el entorno, las cuales generan ansiedad y angustia, pues muchas veces no encuentran “el” camino que se quiere, sino que nos exponen a “muchos” caminos donde las respuesta pueden ser posibles y probables.

Así las cosas, la educación actual demanda un ejercicio de deconstrucción en sí misma, para recabar en sus propios cimientos, no para inhabilitarlos o destruirlos, sino para repensarlos y ajustarlos de cara al reto que la sociedad actual le propone. Una declaración de independencia, que capitalizando los logros del pasado, sea capaz de conquistar los retos del presente y anticipar las capacidades del futuro.

Referencias
Britos, L. y  Fasihuddin, H. (2016) Change in Higher Education. Creativity, innovation, and the redesign of Academia. Liberal Education. 102, 2. Spring. Recuperado de: https://www.aacu.org/liberaleducation/2016/spring/cavagnaro  
De la Torre, S. (2004) Aprender de los errores. El tratamiento didáctico de los errores como estrategias innovadoras. Buenos Aires: Ed. Magisterio del Río de la Plata
Schoemaker, P. (2011) Brilliant mistakes. Finding success on the far side of failure. Philadelphia, USA: Wharton Digital Press

domingo, 17 de septiembre de 2017

Universidad - Empresa

Existe una tensión permanente entre la universidad y la empresa. Mientras el argumento desde la universidad hacia la empresa, es la falta de un mayor relacionamiento y financiamiento de iniciativas para movilizar la investigación en problemas de interés para el país; la postura de la empresa hacia la universidad, es su concentración en aspectos novedosos de la ciencia y construcción de teorías, que muchas veces carecen de aplicación práctica.

Esta tensión, que si bien no es nueva, si la miramos en detalle podemos encontrar dos posiciones encontradas que trascienden los discursos arriba mencionados. Mientras la universidad se reconoce como la poseedora del conocimiento, los saberes y aquella que forma para el desarrollo de las dinámicas empresariales; la empresa se precia de ser la que hace realidad la teoría de los académicos, la que resuelve problemas reales y desarrolla apuestas prácticas que hacen que se movilicen los objetivos estratégicos propuestos por los cuerpos ejecutivos.

Mientras la universidad no se concibe así misma como una entidad que genera utilidades, sino que presta un servicio a la sociedad formando seres integrales para asumir los retos de un entorno cambiantes y ambiguo; la empresa si piensa en primer lugar en sus estrategias de negocio, que hacen realidad una promesa de valor para sus clientes, para luego conectar sus dinámicas y conocimiento al servicio de la sociedad y sus diferentes grupos de interés.

Así las cosas, encontramos dos vistas que al parecer no encuentran puntos convergentes, dada la necesidad de cada una de mantener su lugar en la dinámica social. La pregunta sería, ¿qué pasaría si reconocemos a la empresa como una lugar natural donde se desarrolla el aprendizaje, donde los académicos logran alinear sus objetivos pedagógicos con los retos y objetivos empresariales?

Lo anterior supone compartir y desafiar los saberes previos en las teorías educativas vigentes para encontrar un nuevo lugar común donde tanto empresa como universidad se puedan sorprender y construir una vista común, no sólo de convenios y apuestas de investigación, sino de relaciones de aprendizaje, con escenarios, simulaciones y prototipos, asistidos de la pedagogía del error, para encontrar nuevas apuestas de valor que están más allá de un descubrimiento científico y así habilitar una posibilidad para crear experiencias distintas en los clientes.

La relación universidad y empresa debería estar mediada por una función de educativa que superando una vista mecanicista de la enseñanza y el aprendizaje, es capaz de formular una apuesta convergente que conecta y desconecta al mismo tiempo los objetivos de negocio, con los objetivos pedagógicos, para crear un espacio de creación conjunta, donde el resultado no es otro, sino un avance concreto para la ciencia y una ventaja competitiva para la empresa.

Esta relación entre universidad y empresa deberá madurar de forma acelerada si queremos potenciar un desarrollo académico y social que responda a los retos de un entorno volátil, incierto, complejo y ambiguo, donde la inestabilidad es la constante y la creación de nuevas capacidades es el nuevo normal de las organizaciones protagonistas de la dinámica del siglo XXI.

El Editor

domingo, 10 de septiembre de 2017

Un mundo distinto

Cuando podemos reconocernos como parte de un todo, encontramos la razón de ser de nuestra vida. Todos sumamos en la construcción del universo, y tenemos una misión que se nos ha encomendado. Algunos la descubren pronto, otros un poco más tarde. Lo importante, es poner todos los medios humanos y divinos disponibles para emprender ese viaje al interior de cada persona para encontrarnos con la revelación celestial que hemos recibido desde lo alto.

Cada persona es un regalo sobrenatural que lo sagrado que nos rodea, nos entrega para descubrir en ella la manera de conversar con la fuerza de la creación. Una declaración que a diario se hace en el silencio de las miradas y sonrisas; un testimonio de una verdad que se abre paso en medio de las luces y opacidades del mundo: el amor es la esencia de todo lo que ocurre en la naturaleza.

Cuando podemos descubrir que somos en esencia relación, conexión, entrega, parte de un tejido social que se construye a cada momento, que se resiste a existir aislado y fuera de la realidad, comprendemos que todos tenemos algo que compartir y sintonizar con otros. Una experiencia necesariamente abierta y expuesta, donde la vulnerabilidad es la base del reconocimiento del otro y la incertidumbre, la apuesta personal que se abre para aprender y construir con lo desconocido.

No podemos negar la esencia social que el ser humano contiene, la fuerza vital de una conexión sobrenatural con la cual hemos venido al mundo y que muchas veces negamos desde nuestros propios comportamientos. No podemos seguir ignorando el llamado de nuestra naturaleza humana, si bien caída y proclive a lo menos santo, para continuar en el ejercicio de construir relaciones posibles y humanas, y no repetir aquellas conocidas y generalmente artificiales.

Cuando podemos discernir en medio de la neblina de los elogios y reconocimientos, el fundamento de la vida cotidiana, es decir, la conexión de una mirada, la fuerza de un abrazo, la luz de una sonrisa y el bálsamo de una palabra, hemos comenzado a estar presentes en el mundo, a comprender que todo sabe mejor cuando se comparte, cuando se beneficia a otros y sobre manera cuando nos dejamos interrogar por la vida de nuestro prójimo.

Hacernos ocasión de relación y construcción de significados con otros, es una oportunidad para descubrir que en el mundo hay otras realidades, que nos permiten abrirnos a las posibilidades, a la exploración de nuevos horizontes que esperan que personas como nosotros nos atrevamos a surcar. Un viaje que motiva navegar en aguas profundas, desconocidas e inciertas, donde sólo la fuerza de la gracia trascendente, es la única certeza que nos hace creer que es posible lograrlo.

No podemos parar de creer que podemos construir un mundo distinto, no podemos dejarnos engañar por aquellos que nunca zarpan de sus puertos y comodidades, de aquellos que sus acciones dan poco testimonio de sus palabras, de aquellos que nos seducen con sus insinuaciones de caminos cortos y atajos. Creer que es posible un mundo mejor, es el combustible que anima la acción, un mensaje que se convierte en realidad, cada vez que uno de nosotros es valiente para hacer que las cosas pasen, un momento donde el cielo resplandece y brilla, pues allí hay una sonrisa y una mirada tierna que te dice “ánimo, yo he vencido al mundo y nada ni nadie te puede separar de mi amor”.


El Editor

sábado, 2 de septiembre de 2017

Visión holística

La incertidumbre es una oportunidad para desarrollar una vista holística de la vida. Ver la vida de manera holística, es comprender al mismo tiempo a los individuos y simultáneamente a las partes (Leblanc, 2016). Es un ejercicio por integrar aquellos elementos del entorno que cuestionan y superan los saberes previos de los participantes, con las tendencias más relevantes que se advierten en el horizonte.

Ver la vida de manera holística, significa danzar con los retos del entorno, reconocer los movimientos laterales e inesperados de los participantes del ambiente, y sobremanera es integrar las habilidades y percepciones individuales con las lecturas extendidas de todos los copartícipes de un equipo de trabajo. Un esfuerzo que exige ver desde las diferencias, circunstancias inéditas para concretar apuestas diferenciadoras que crean nuevas distinciones.

Tener una visión holística de la vida, es reconocer cada momento de la existencia como un continuo de lecciones aprendidas, como un conjunto de desafíos de la práctica, donde el error se habilita como facilitador del aprendizaje. Lo holístico no entiende el entorno como una lectura de causa-efecto, sino como una relación circular que crece como espiral de conocimiento adquirido: un ejercicio de reinvención permanente que supera la postura tradicional de quien observa el mundo desde una vista particular.

Cuando podemos ver la vida desde la plataforma de lo holístico desaparecen los límites de una vista única, se habilita la comprensión superior de la realidad, esto es, se desconectan las lecturas previas de lo conocido, se descomponen las relaciones que las nutren para indagar en los supuestos que la conforman, para luego integrar posturas diferentes, incluso contradictorias, para darle forma a una nueva ganancia teórica que no solo amplía el horizonte, sino que dispone el escenario para un nuevo acontecer.

Lo holístico exige una comprensión del tejido social que construye la complejidad misma de las relaciones del todo. Es un proceso de fusión entre mis supuestos y posturas de lo que soy, con las apuestas distintas de todos aquellos que configuran la malla de saberes acumulados. Ver la vida desde la perspectiva holística nos pone fuera de la zona cómoda, para observar patrones o tendencias que emergen de la dinámica de las relaciones que exhiben los objetos, los procesos, las regulaciones y las personas.

Ver la vida desde lo holístico, es asumir nuestra responsabilidad como miembros de la junta directiva de nuestra existencia, un cuerpo colegiado que asistido de la divinidad, experto en la dinámica de lo incierto, es capaz de construir y desarrollar capacidades particulares en los individuos para reconocer el entorno y sus relaciones conocidas, así como navegar y superar turbulencias y mares inestables y contradictorios, donde siempre es posible ver oportunidades y retos, más que limitaciones y problemas.

Cuando observamos, comprendemos y deconstruimos la vida desde lo holístico, las habilidades y saberes se vuelven complementarios, el conocimiento se transforma en una herramienta para innovar y la práctica cotidiana una oportunidad para aprender, o mejor aún, para desaprender.

El Editor

Referencia

Leblanc, R. (2016) The handbook of board governance.  A comprehensive guide for public, private an not-for-profit board members.  Hoboken, New Jersey, USA: John Wiley & Sons.

domingo, 27 de agosto de 2017

El itinerario del aprendiz

En la vida debemos construir todo el tiempo el itinerario del aprendiz, ese que elabora un plan de aprendizaje permanente, donde cada situación advierte una forma de sorprendernos para cuestionar nuestro saber previo y así encontrar nuevas razones para suspender la realidad, reconocernos a nosotros mismos y a los demás.

El aprendiz de la vida permanece atento y vigilante en todo momento para capitalizar aprendizajes, los cuales necesariamente llevan un proceso de desintoxicación de conocimiento previo, cargado de prejuicios y juicios de valor, para crear una nueva ruta de conocimiento personal que nos lleve a educar nuestras emociones, pasiones y talentos en función del reto trascendente que cada uno de tiene desde su nacimiento.

El aprendiz de la vida encara el presente con determinación, incorpora las lecciones aprendidas del pasado y plantea los retos de su visión de futuro. En este ejercicio de tres movimientos, está asistido por una habilidad central, que desconecta al aprendiz de sus propias limitaciones y lo incorpora al contexto del ser. Dicha habilidad es “darse cuenta de quién es”, una práctica que lo lleva a tomar distancia de la realidad, para decodificar los mensajes de su entorno y darles formas en el escenario de su propia conexión divina que atraviesa su historia humana.

El aprendiz de la vida, sabe que cada persona tiene una lección para dar, una experiencia enriquecida que está dispuesta para nutrir la suya. Es un ejercicio de apertura personal hacia la vivencia del otro, un enlace invisible que cuestiona el monopolio de nuestros propios conocimientos y saberes, para dejarnos alimentar de los retos y aventuras de un ser humano, es decir, de aquella impronta mágica del talento que tiene su lugar en el mundo.

El aprendiz de la vida, sabe que todo lo que hemos aprendido y conocemos es siempre temporal, parcial y susceptible de ser mejorado o cambiado.  Mientras nuestro itinerario de aprendizaje y suspensión de la realidad nos permita crear un entorno para cambiar las miradas sobre los objetos, las personas y las reflexiones, estaremos transitando los linderos de una educación que libera y no coloniza, donde la ignorancia no es un mal indeseable, sino la puerta donde inicia la sabiduría del error, la oportunidad de cruzar el umbral de lo desconocido.

El aprendiz de la vida sabe que debe reinventarse cada día, que debe explorar nuevos horizontes en cada momento, pues de no hacerlo su habilidad para aprender se debilitará y lo llevará a estados de inactividad e inercia donde “cuando nada pasa” es cuando “todo pasa”.  En este sentido el aprendiz deberá abrirse para ser persuadido por los conceptos y verdades inestables actuales para desconectar los aspectos conocidos de la realidad, integrarlo con las discontinuidades y contradicciones identificadas en el entorno, y volver a reconstruirlos para contar con un vista enriquecida y renovada sobre un lienzo preparado, donde el tiempo no transcurre y el presente es siempre un continuo.

El aprendiz de la vida se educa para la tolerancia, para el buen combate, para resistir ante la adversidad, para reconstruirse a sí mismo y para encontrarse con sus propias sombras. Ser un aprendiz de la vida significa recorrer una espiral ascendente de ciclos virtuosos y valiosos de conocimiento de sí mismo, de transformaciones permanentes que construyen un tejido de significados personales y sociales, un entrenamiento exigente y apasionado, que como anota Chamalú (2016, p.122), “nos convierte en humanos todo terreno, en habitantes del cielo y de la tierra”.

El Editor

Referencia

Chamalú (2016) Inteligencia existencial. Filosofía práctica para transformar la vida. Bogotá, Colombia: Intermedio Editores S.A.

sábado, 19 de agosto de 2017

Misión y profesión

Son muchas las voces del mundo que hablan de éxito, de logros y de vida plena desde las inestabilidades de una realidad construida sobre los linderos de la apariencia, y los reflectores de la vanidad y la política. Estas voces, amplificadas por los medios de comunicación y confirmada con la invasión de imágenes televisivas, crean arquetipos de personas que sólo son una ilusión, un imaginario que sólo vive en esa pieza de mercadeo.

Una vida creada sobre la ilusión del éxito propuesto por el mundo termina en sufrimiento, rigidez, desequilibrio, fanatismo y sobremanera desilusión. Encontrar la vida verdadera, esa que se esconde en la realidad cotidiana, que se conecta con el descubrimiento de la misión particular de cada persona, es la que permite concretar el reconocimiento de las propias virtudes y retos, como una forma de salir al encuentro de lo desconocido.

La vida es un viaje a través de mar abierto con algunos puertos intermedios, donde es posible renovar las fuerzas, reparar la embarcación, comprar provisiones y zarpar nuevamente para perseguir la misión que hemos venido a concretar y desarrollar. Estar en misión te devuelve el poder de gobernarte y transformar tu entorno, es la forma de enfocar tu energía y hacer fluir la fuerza del universo sobre tu propia realidad.

El mal llamado éxito del mundo actual, basado en “visibilidad, medios y vida de lujos” dista del verdadero valor que esconde “estar vivos”, que como afirma Chamalú (2016, p.67), “significa habitar totalmente presente, fortalecerse con las adversidades, danzar con los problemas, poseer las riendas de tu vida en tus manos, enfrentar la hoguera de la incomprensión y convertirse en un felino cuando corresponde”.

Ser exitoso significa “despertar a la vida”, re-encontrar la conexión que tenemos con la divinidad al nacer, esa movilidad entre lo divino y lo humano que te hace un ser especial, único e irrepetible. Es “estar disponible a todo, con la mente abierta y el corazón fértil, es domar tempestades, es llevar el aprendizaje hasta las últimas consecuencias” (Chamalú, 2016), es dejarnos sorprender por cada día para agradecer el nuevo lienzo que la unción fresca de lo alto nos regala.

La plenitud de la vida no se alcanza con el aire que respiramos a diario, sino rompiendo la dinámica de un sueño creado por las “fuerzas de mercado dominantes”, lanzándonos a descubrir que hay más allá de los límites que nos imponemos, creando las habilidades y oportunidades para cruzar la línea que nos separa del potencial que tenemos y al que debemos llegar.

El éxito no se trata de “sobrevivir” y adaptarse para mimetizarse en medio de las tendencias del mundo actual, se trata de “vivir”, de reinventarnos cada momento, recuperar la sensibilidad de la espiritualidad humana, fundir nuestra humanidad con la divinidad y nunca perder la capacidad de soñar. “Vivir” significa mantenernos en unicidad entre nuestra misión y la profesión, sin distraernos por “el hacer” y “el tener”, para descifrar, como anota Chamalú (2016), “el propósito superior que nos nutre y orienta y comprender que no hay tiempo que perder”.

El Editor

Referencia
Chamalú (2016) Inteligencia existencial. Filosofía práctica para transformar la vida. Bogotá, Colombia: Intermedio Editores S.A.

sábado, 12 de agosto de 2017

Empresa: Escenario educativo

La literatura en temas de gestión y administración ha venido recabando desde hace mucho tiempo sobre el tema de las organizaciones que aprenden, sobre la necesidad de transformación permanente de las empresas, para asumir el reto de la incertidumbre y poder navegar en medio de un mar de oportunidades y desafíos no sólo para sobrevivir, sino permanecer en el largo plazo y cambiar las mismas condiciones del entorno, o dicho de otra forma, poner ella sus propias reglas.

Una organización que aprende, como afirma Gore (2015), requiere que esté integrada por individuos que aprenden. Esto es, que la empresa se convierta en un nuevo escenario educativo donde la “organización enseña”, donde los retos del currículo tradicional se revisen desde las contradicciones, inestabilidades y rarezas del entorno; donde el ejercicio pedagógico no solo oriente un proceso de aprendizaje, sino que recabe en una oportunidad para “equivocarse” y descubrir nuevas opciones; donde la didáctica no sólo ilustre cómo hacer las cosas de acuerdo con un estándar, sino que permita desarrollar formas alternas para aprender.

Una organización que aprende, hace consciente las constantes oportunidades que cada situación laboral ofrece para “sorprenderse” y explorar propuestas que posiblemente lleve a cuestionar los saberes previos de los colaboradores. Motivar vistas distintas de realidades naturales de la empresa, implica “calzarse los zapatos de otros” y poder comprender la dinámica de su labor, ahora desde un escenario que posiblemente le resulte intrigante o interesante según lo asuma la persona.

Una organización que aprende, encuentra en el “error” una oportunidad para revelar aspectos de la realidad que no podían ver, situaciones ambiguas o inéditas que posiblemente si ese resultado obtenido no se hubiese dado, no se hubiesen advertido. El “error” lleva en sí mismo un valor pedagógico que habilita al colaborador a recabar en su conocimiento previo, para establecer y construir una forma alterna de hacer las cosas. En términos cibernéticos, aumenta la variedad o capacidad de “ver” y “darse cuenta” que es posible concretar nuevos aprendizajes como profesional y como parte de un sistema más grande como es la empresa.

Una organización que aprende, entiende la evaluación no como un ejercicio para clasificar desempeños de personas y segregar su personal, entre aquellos que logran los resultados y los que no. Una organización que aprende, entiende la valoración del desempeño como el umbral de reto y mejora que cada persona tiene para alcanzar su potencial, una forma de asumir el desarrollo de sus colaboradores desde la realidad del aprendizaje, es decir, desde la oportunidad para “crear y desafiar” lo conocido y tener la oportunidad de probar y simular.

Una organización que aprende, entiende que el aprendizaje es una inversión y está dispuesta a crear los espacios para que este ocurra. Una inversión que no es de retorno inmediato, sino de siembra a largo plazo, donde las personas conectan sus intereses con los de la empresa, para darle vida a escenario impensables que anticipan riesgos y oportunidades que desde ya se abren para ambos: una declaración intencional y abierta donde las personas hacen parte fundamental de la vida organizacional y la organización es el aliado natural de la persona para “saber más y ser más”.

El Editor

Referencia

Gore, E. (2015) La educación en la empresa. Aprendiendo en contextos organizativos. Buenos Aires, Argentina: Editorial Gránica.

sábado, 5 de agosto de 2017

Buscar respuestas

Cuando el ser humano busca respuestas a los grandes interrogantes del mundo; busca respuestas en el exterior, en las búsquedas bibliográficas, en las experiencias de otros, entre otras fuentes, con el fin de apropiarse del medio donde se encuentra y ver cosas diferentes a lo que su marco vigente de saber le indica.

Buscar respuestas exige del hombre sumergirse en la realidad de su conocimiento limitado del mundo, en las contradicciones que tiene, en las respuestas parciales que ha podido construir y sobre manera, en una experiencia de humildad personal, que le implica reconocerse como un ser en construcción permanente, que cuyas lecturas del mundo son inconclusas y por lo tanto, siempre abiertas a continuar explorando alternativas antes inexistentes.

Buscar respuestas a los interrogantes del mundo, demanda desconectar lo que hemos aprendido, liberar nuestros conceptos particulares de las interpretaciones que aceptamos como ciertas, para darle paso a nuevas opciones propuestas desde otras realidades, para crear tensiones creativas que movilicen, actualicen y renueven las perspectivas que utilizamos para apropiarnos del mundo y sus retos.

No podemos dar respuesta a los interrogantes del mundo, si pensamos que las “sabemos”, que hemos llegado a la concreción de una idea formal; pues en ese punto y hora, habrá que descubrir el complemento de aquellas, para saber que estamos viendo el mundo desde perspectivas que nos ubican en un punto ciego, donde muchas veces no logramos trascender la experiencia previa que tenemos sobre un evento, concepto o situación particular.

En esa búsqueda de respuestas del hombre, es necesario experimentar la desorientación, la inestabilidad y la contradicción, pues allí es donde surge la posibilidad de una oportunidad, una lectura inesperada e inexistente que permite contrainterrogar al mundo frente a sus estándares y descubrir un espacio en blanco donde escribir una realidad inédita que revela una apuesta que complementa las lecturas previas de otros.

Dar respuesta a los interrogantes de la vida, implica reconocernos parados sobre hombros de gigantes, sobre experiencias vividas y al mismo tiempo en horizontes nuevos, que en perspectiva de sospecha, nos permiten siempre capitalizar lo aprendido, cuestionar lo conocido y abrirnos de forma confiada y decidida a lo incierto, donde es posible reinterpretar lo vital y cotidiano en clave de innovación.

Todas las respuestas que podamos construir desde nuestra apuesta actual sobre la vida que vivimos y aquellas que se puedan concretar desde la vista de un futuro próximo, estarán siempre bajo la observación del presente, como un testigo formal del ahora donde estamos y existimos. Un ejercicio de concentración y convergencia de la mente, que si bien divaga y navega por las posibilidades, debe coincidir y converger en acciones específicas que movilizan y logran objetivos.

Responder el llamado de los inciertos e inestabilidades de la vida, es entrar en la presencia mutua de cada ser humano consigo mismo y la divinidad, un instante de silencio, sin tiempo, ni espacio, donde solamente existe un continuo de aprendizaje; una continua acción de gracias mientras se recorren los senderos de la existencia llenos de retos, desafíos y sorpresas, donde sólo hay “mejores preguntas”.


El Editor

lunes, 31 de julio de 2017

Perspectivas distintas

Cuando observamos un objeto y conceptuamos sobre éste, estamos hablando de nosotros mismos, de nuestros propios marcos y entendimientos del mundo que cada uno fabrica en la cámara secreta de los supuestos particulares. Esa lectura particular del objeto, es una de las múltiples que pueden haber para tratar de darle forma al “conocer” de una realidad específica. Por tanto, es posible advertir que habrá una mejor reconstrucción de la condición del objeto, cuando otros pueden ver elementos distintos que desde nuestra perspectiva no podemos apreciar.

En este sentido, en palabras de Soler y Canangla (2014), “desde el aire podemos ver las cosas con más perspectiva. El mapa del territorio es más claro y con lo cual es posible visualizar caminos que desde el suelo pensábamos que no existían”. Ver las cosas desde diferentes perspectivas nos permite tener una visión enriquecida de lo conocemos y hacemos. Podemos dejarnos sorprender por la novedad de una postura o sencillamente tratar de acomodar aquello que se dice en nuestros propios modelos, situación que de antemano sugiere un quedarnos atrapados en el status quo que nos negamos a dejar.

Permitirnos ver las cosas desde otros puntos de vista demanda soltar las amarras de nuestro barco mental y espiritual, para navegar en aguas profundas, inciertas y misteriosas, que se abren ante nuestros propios marcos de comprensión, para interrogar nuestros saberes previos y motivar una madurez intelectual que aprecie y valore cada cosa desde la tranquilidad de ser uno mismo, sin quedar atrapados por los temas y cosas en sí mismas.

Encontrar y motivar puntos de vista distintos a los nuestros no es un ejercicio fácil de concretar, pues es natural que cada persona defienda su propio punto de vista e intereses particulares, cada vez que existe la oportunidad de real de concretar una distinción que implique suma de voluntades y no lucha de egos. Los protagonismos, luces y reconocimientos, salen al paso para indicar que hay terrenos comprometidos por nuestro propio ego que se niegan a ver una oportunidad, donde este solo ve amenazas.

El reto de conocer y descubrir posturas distintas a la individual demanda dejar de controlar y juzgar, y más bien encontrar donde podemos fluir y dejarnos llevar por una lectura fresca y nueva que enriquece nuestro propio conocimiento y nutre una lectura de construcción conjunta donde no existe un ganador específico. Una exigencia que demanda que se encuentren en las diferencias, opciones novedosas que motivan acciones que hacen de la vida una paleta multicolor donde podemos todo el tiempo “conectar y desconectar los puntos”.

Tener, reconocer y motivar perspectivas distintas de situaciones particulares, plantea la construcción de caminos inusuales, los cuales generalmente “están llenos de aventuras, exploración de nuevos territorios, luchas contra enemigos o dragones ocultos, enfrentar retos, superar pruebas, solucionar acertijos, demostrar valor y entereza, y sobre manera perseverancia” (Soler y Canagla, 2014 ,p.93); un ejercicio que insiste en comprender que las barreras existentes no son las externas, sino las internas. Una declaración que nos prepara mental, emocional y espiritualmente para mantenernos aprendiendo y nunca retroceder frente a la sensación del fracaso.

El Editor

Referencia

Soler, J. y Conangla, M. (2014) Las veinte perlas de la sabiduría. Hacernos sabios antes de envejecer. Barcelona, España: Lectio Ediciones

sábado, 22 de julio de 2017

Entre lo conocido y lo desconocido

Estamos viendo cambios acelerados del mundo, situaciones novedosas en ciencia y tecnología que nos advierten sobre una nueva faceta de la dinámica humana posiblemente con máquinas o robots en el mediano plazo. Los hombres con su entendimiento y sapiencia han logrado simular situaciones de la naturaleza, dinámicas y partes del cuerpo y construir escenarios virtuales de interacción como internet.

Estos logros elaborados desde su capacidad para dejarse sorprender por la novedad, por lo desconocido y lo inesperado, establecen un marco general de acción que cada uno de los seres humanos debe explotar, con el fin de movilizar sus talentos y acciones para crear mayores posibilidades y propuestas sobre múltiples formas de comprender el mundo.

El hombre que no se deja sorprender por la dinámica de lo incierto y la generosidad de lo ambiguo, está atrapado en su propia burbuja del conocimiento, pensando que con lo que sabe es posible descubrir todo lo que el entorno ofrece. El hombre que se abre a lo poco conocido y explora en terrenos inestables, está trazando nuevos horizontes en su mente y en su corazón para revelar aspectos de la realidad antes desconocidos y que habiliten nuevos entendimientos de aquello que es conocido.

La diferencia entre lo conocido y lo desconocido, no es lo que en sí mismo encierran las dos palabras, sino el espacio de encuentro que se tiene entre los dos mundos: una lista de realidades sabidas preparada para ser desconectadas y un conjunto de situaciones inadvertidas, perfectamente inciertas dispuestas para integrarse al escenario desconectado. En este sentido, la diferencia se vuelve coincidencia, una lectura extendida de la realidad que se desconecta y se reensambla para leerla con unos lentes nuevos.

Cuando el hombre se enfrenta a situaciones o enemigos inciertos, desde la postura de los conocimientos conocidos y ciertos, se crean dos escenarios complementarios: la angustia de no saber y tener que responder, y la oportunidad de no saber, y poder proponer. Cualquiera sea la situación a la que el individuo se enfrente deberá saber que, es desde su visión ante la vida como podrá superar sus propios miedos y temores, para lograr proponer alternativas que den cuenta de su compromiso para crear una mejor versión de sí mismo.

En el mundo actual, las incertidumbres son el nuevo normal al que el hombre moderno se enfrenta, una necesidad de superávit de futuro que consume las energías humanas, sin mediar palabra o análisis sobre lo que ocurre en la realidad. Estar atentos y percibir los cambios del entorno, no debe suponer una postura de angustia o desespero del hombre, sino una lectura sosegada de los signos y señales que el exterior envía para poder descubrir revelaciones claves que reanimen los compromisos personales y los retos empresariales.

Cuando el mundo a diario ofrece nuevas oportunidades para reconectar nuestros retos y ampliar el espectro de nuestros sueños, tenemos el deber de salir al encuentro de la desarticulación de nuestras propias verdades, asumir el proceso de derribar nuestros límites autoimpuestos y superar el dolor y la incomodidad que supone esta acción. 

De esta forma estaremos más cerca de encontrar el tan esquivo elixir de la juventud, ese que no está en el mundo exterior (el del hacer), sino en el mundo interior (el del ser), donde no existe tiempo ni espacio, solo un eterno ahora donde somos uno con el universo.

El Editor

domingo, 16 de julio de 2017

Conexión consciente

Tres elementos que integran, administran y concentran nuestras emociones y sentimientos: el ego, la fortaleza y la autoestima. Cualquiera de ellos que se encuentre en una proporción superior, menor o desbordado en situaciones de normalidad, es decir, cuando lo importante es mantener una postura mesurada, centrada y respetuosa de la realidad, altera la forma como vemos y actuamos en el mundo.

La autoestima es el amor, valía propia, cariño y cuidado que cada ser humano debe mantener por sí mismo, como criatura divina que ha venido al mundo no solo a embellecerlo con su presencia, sino a transformarlo con su actuación. La autoestima es la fuerza natural del hombre que lo invita a mantenerse firme en las horas de confusión o contradicción, es la esencia del alimento del espíritu, que nos impulsa a lograr hazañas extraordinarias y superar situaciones inesperadas.

La fortaleza es la potencia y capacidad interior que sobrepone al hombre frente a los momentos de lucha interior y exterior. Es la energía de la constancia y consistencia de un esfuerzo concentrado y focalizado, que vencer el temor y permite cambiar una condición adversa, en una oportunidad de renovación y construcción personal. La fortaleza es un don que debe ser renovado e invocado a la divinidad, para mantener la estabilidad espiritual que precede a la motivación personal para salir adelante en medio de las inestabilidades y tempestades.

El ego, ese enemigo persistente que el hombre tiene, que no le deja ser, sino aparentar. Ese contrario que no quiere que nada cambie para tener una excusa perfecta para seguir existiendo. El ego es la expresión natural del niño malcriado que el hombre lleva dentro, que muchas veces toma el control de su vida y que lo invita todo el tiempo a reaccionar y no a meditar y reflexionar antes de actuar. El ego se mantiene en las sombras, tratando de pasar desapercibido, sin ser detectado, listo para impedir al hombre estar en el presente y preso de su pasado.

Cuando la autoestima se eleva, deberá responder a una realidad donde se ha comprometido su nivel medio de funcionamiento, es decir, ese estándar de valor propio sano que permite al hombre renovarse dentro y saber que es capaz de superar los retos que la vida le propone. Cuando la fortaleza se incrementa, será una respuesta natural al exigente contexto del ambiente que somete y enfrenta las limitaciones del ser humano, invitándolo a reestablecer su compromiso para lograr aquello que se ha propuesto.

Cuando el ego se incrementa, ya no se tienen alertas, sino alarmas. Hay una situación que se ha desbordado, una parte inherente del hombre que ha tomado el control sobre sus propias acciones; una sombra, que como las propias de los seres humanos, ha tomado más relevancia que otra y que posiblemente, aviva el fuego de terceras que han estado vigilantes en su momento.

El ego, como anota Tolle (2017, p.68), se lo toma todo personalmente, conecta con la emoción, la actitud defensiva y finalmente, con una posible agresión. El ego, sigue Tolle (idem), confunde la opinión y los puntos de vista con los hechos. Es un mal intérprete de la realidad, que no reconoce la poca nitidez y posible alteración de sus lentes para ver el mundo.

Así las cosas, es necesario mantener una conexión consciente con el ser interior, con la luz divina que habita en cada uno de los hombres; esa fuente de energía vital que todo lo nutre y sintoniza en la intimidad de cada individuo. Una permanente reflexión que, reconociendo el entorno, los retos y aspiraciones humanas, es capaz de articular su autoestima y fortaleza para reconocer y superar al ego como lo que es: una disfunción colectiva y la locura de la mente humana (Tolle, 2017, p.75).

El Editor

Referencia
Tolle, E. (2017) Un nuevo mundo, Ahora. Encuentra el propósito de tu vida. Decimotercera Edición. Tercera reimpresión. Barcelona, España: Penguim Random House Grupo Editorial.

domingo, 9 de julio de 2017

Un sueño: pasión de todos

Bien afirma Covey (2016) cuando establece la distinción entre resolución de situaciones problemáticas y creatividad: “cuando nos centramos en la resolución de un problema, intentamos eliminar algo. Cuando estamos en modo creativo, intentamos crear algo”.

Si permanecemos todo el tiempo en modalidad “resolución de problema”, la ansiedad y la angustia aparecen, las reflexiones analíticas se vuelven tan naturales, que nos concentran en un punto específico que nos hace perder del norte y los objetivos claves por los cuales asumimos la tarea que nos han encomendado (Covey, 2016). Por lo general este esfuerzo, que nos consume mucha de nuestra energía, termina siendo estéril como quiera que la situación problemática no siempre es solucionada.

Cuando nos movemos al “modo creativo”, buscamos en la situación problemática una oportunidad para construir algo que no existe, un pensamiento lógico y algunas veces inusual que nos permita abandonar los patrones de pensamiento habituales, con el fin de crear en nuestra mente a solución y la energía necesaria para concretarla. Lo anterior, supone, encontrar en nuestra misión personal aquellos puntos de inflexión que nos permiten superar los conocimientos previos y motivarnos a navegar sobre el incierto de aquello que no ha sido probado.

En la formación académica tradicional el pensamiento analítico ha mantenido su dominio sobre las formas alternas de pensar y proponer. En la medida que nuestro pensamiento tenga la habilidad de conciliar la incertidumbre, como una opción para desconectar la realidad, incluir los aspectos novedosos disponibles y luego, concretar una distinción enriquecida que reinterprete la situación problemática, podemos advertir que hemos efectuado un movimiento lateral que para muchos puede ser inesperado.

Cuando estamos prisioneros de las presiones conceptuales y los marcos de trabajo conocidos y probados, las ideas diferentes suelen ser doblegadas por las pruebas y resultados de acciones previamente validadas y analizadas. Por tanto, “sin apoyos, sin ayuda y sin sinergias, nuestras ideas “no estándares”, acaban siendo una apuesta que se queda sin fondos, sin soporte para lograr transformar y hacer las cosas de formas no conocidas” (Adaptado de: Covey, 2016, p.106).

En este sentido, es importante construir alrededor de nuestras propias reflexiones, un equipo que compense nuestras limitaciones y poder así, motivar transformaciones donde las ideas distintas tengan un espacio de acción, dejando poco margen para que las debilidades sean las protagonistas de las conversaciones. En consecuencia, se hace necesario cambiar el mapa de nuestras propuestas de tal forma que, podamos concretar un escenario de apertura, sobre un territorio incierto, donde las ideas novedosas tengan un espacio fértil donde crecer, así sea al margen del camino de los escépticos.

No podemos dejar que las cosas importantes, ocupen el espacio de las menos importantes; que la tiranía de la urgencia, como afirma Covey (2016), doblegue las ideas creativas que podemos desarrollar y concretar. En este sentido, es necesario pasar de la dependencia de una idea, a la interdependencia de un concepto, es decir, llegar allí donde las fortalezas de otros son parte una nueva historia: un sueño que se hace uno con la pasión de todos.

EL Editor

Referencia
Covey, S. (2016) Las 12 palancas del éxito. Hacia la grandeza primordial. Bogotá, Colombia: Editorial Planeta.

lunes, 3 de julio de 2017

El valor del "no saber"

La sabiduría puede llegar a través de la experiencia, pero no mediante la acumulación de experiencias. El desaprendizaje supone estar preparado para desprenderse de lo aprendido y comenzar desde cero. (…) el punto más elevado del saber es “no saber”.” (Brew, 2011, p.121) Una frase que abre el entendimiento a la búsqueda permanente de las fronteras de la ciencia y el conocimiento, una oportunidad para encontrar en el “no saber”, la ruta de la trascendencia humana.

Cuando el hombre se enfrenta al reto de “no saber”, piensa menos en sí misma, adquiere mayor sentido de conexión con otros y comienza a ver el mundo a través de los ojos de sus semejantes (Maxwell, 2015). Este ejercicio permite una apertura del corazón y de la vida, desde la búsqueda de respuestas conjuntas donde sus habilidades y las capacidades de los otros, se combinan para lograr una lectura distinta y enriquecida de la realidad.

La tensión inherente que transmite el “no saber” quiebra la mentalidad egoísta de “que gano yo”, lo que habilita opciones que permiten apoyar y ayudar a otros, como una forma natural de ayudarse a sí mismo. La sensación de “no saber”, establece un espacio de colaboración cierto, que no deja de lado la exigencia personal de superación y esfuerzo que supone comprender una situación, sino que revela la presencia del otro como fuente de ideas y reflexiones que complementan las posturas individuales.

Cuando el hombre asume el “no saber” activa en su interior la pasión por explorar y descubrir una nueva frontera, una expresión natural de la curiosidad propia de los seres humanos, la cual marca su presencia en la vida propia y la de otros, cuando es capaz de conectar su intereses y retos con las lecturas individuales de aquellos que se han inspirado en desafíos semejantes o se han sintonizado con actitudes y valores equivalentes en otras situaciones.

Andar por los senderos del “no saber” es caminar por una ruta de transformación, de transmutación personal donde es posible identificar habilidades y dones complementarios en los otros, como un aporte único y especial, que constituye un acervo de saberes previos donde se pueden encontrar nuevas respuestas y preguntas inéditas, que descubren el camino en medio de lo incierto y trazan nuevas apuestas que con el tiempo serán revisadas, revaluadas o complementadas.

El “no saber” establece en sí mismo, que las respuestas humanas que se tienen a la fecha son parciales e inacabadas, y por tanto, la experiencia permanente con su entorno deberá ser de expectativa y asombro, para continuar creando “suspensiones de la realidad” que lo lleven a cuestionar sus saberes previos. Una experiencia donde es posible resignificar el sentido de la vida, “construir escaleras para que otros suban por ellas” (Maxwell, 2015) y así hacer de cada día, no una oportunidad para aprender, sino una obra maestra de “desaprendizaje”.

El Editor

Referencia
Brew, A. (2011) “Desaprender” mediante la experiencia. En Boud, D., Cohe, R. y Walker, D. (Eds) (2011) El aprendizaje a partir de la experiencia. Interpretar lo vital y cotidiano como fuente de conocimiento. Madrid, España: Narcea de Ediciones. 109-122
Maxwell, J. (2015) Vivir intencionalmente. Escoja una vida relevante. New York, USA: Hachette Book Group.

sábado, 24 de junio de 2017

La fatiga del "competir"

Estamos viviendo momentos históricos de la humanidad, desarrollos que muchos quisieron ver y no pudieron. Somos testigos de transformaciones positivas y de intereses cruzados que buscan ser protagonistas y tener “control” de una realidad, dominada aún, como en la antigüedad, por los recursos naturales y las presiones políticas, o mejor hoy denominadas geopolíticas.

Pareciera que como humanidad no hemos aprendido la lección que nos ha legado la competitividad, entender al otro como competencia o rival, como contrario que debo doblegar o conquistar para mostrar que tengo supremacía y dominio. Bien anota Maturana, que “la competencia no es ni puede ser sana porque se constituye en la negación del otro”. Competir es un ejercicio de preparación individual para superar las mejores condiciones del otro o aprovechar sus limitaciones para lograr una victoria personal.

Las teorías de administración vigentes a la fecha han recabado en insistir que el competir y diferenciarse es parte de la forma natural como las empresas y las personas deben “prepararse” para superar los retos y contradicciones del entorno. Una postura que, si bien ha permitido motivar transformaciones interesantes y movilizar a muchos fuera de su zona cómoda, poco a poco se ha venido debilitando para dar paso a una visión diametralmente distinta.

La fatiga del “competir” está siendo ocupada por la apuesta del “colaborar”, del sumar voluntades y habilidades para tener una mejor forma de construir un futuro conjunto. Entender esta nueva postura implica que reconocemos en los otros, elementos claves que son relevantes y pertinentes, para observar y desarrollar una lectura enriquecida de la realidad, que busca comprender y tejer un sentido de nuestro entorno más inclusivo y menos exclusivo.

Co-laborar implica trabajar en conjunto para construir un saber enriquecido, una forma de creación conjunta de significados, donde la supervisión no está en una persona, sino en la consistencia natural de los retos y actividades que permiten alcanzar un aprendizaje significativo para todos los participantes (Barkley, Cross y Major, 2012). En este sentido, la colaboración es una oportunidad para compartir y construir nuevas capacidades, más allá de adquirir un conocimiento: conquistar una oportunidad.

Mientras el paradigma de la competencia nos ha permitido entender y superar las expectativas de personas o grupos de personas, la colaboración es capaz de crear sentido y significado en una comunidad alrededor de una vista común y de retos conjuntos, los cuales no solo hacen diferencia en ese conglomerado, sino que se expande a otros.

Co-laborar permite hacer evidente las responsabilidades de las personas que participan; se construye una red de compromiso fundada en una perspectiva común, donde no existe ni tu ni yo, sino un nosotros que se ha desarrollado desde una lectura comunitaria, desde un saber cognitivo que en últimas es un saber subjetivo, un saber de equipo situado en un entorno de cambio permanente.

En pocas palabras, las teorías administrativas deberán evolucionar para concretar una nueva distinción, donde las nuevas exigencias de racionalidad nos permitan sumar saberes conjuntos e implícitos, donde los competidores que logran metas grandes y retadoras, se traducen colaboradores que comparten sueños y esperanzas de forma conjunta.

El Editor.

Referencia

Barkley, E., Cross, K. P. y Major, C. (2012) Técnicas de aprendizaje colaborativo. Manual para el profesorado universitario. Segunda edición. Madrid, España: Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, España – Ediciones Morata.

domingo, 18 de junio de 2017

Transformaciones aceleradas

Estamos en un momento de transformaciones aceleradas, de revoluciones personales e industriales, que manifiestan el espíritu de cambio en la humanidad. Contradicciones, inestabilidades y algunas veces, sin sentidos, alertan sobre las nuevas lecturas que estamos y vamos hacer de la dinámica social y humana. En este sentido, somos producto del aprendizaje, del cambio de comportamientos que experimentamos cada vez que “suspendemos la dinámica de nuestra realidad”.

Si “el aprendizaje no se puede diseñar” (Gros y Mas, 2016, p.66) dado que pertenece al ámbito de la experiencia y de la práctica, la sociedad, consciente de esta misión y reto de supervivencia, debe anticipar “el proceso que deberá seguir cada uno de sus participantes”, para seleccionar aquellos contenidos que son de interés y relevancia, con el fin de organizarlos, para motivar el aprendizaje de sus miembros, como una capacidad para cuestionar su propia realidad y construir distinciones que no existían previamente.

Si “solo se aprende cuando aparece un comportamiento nuevo” (Barreda, 1995, p.1), la pregunta es ¿cuáles son los comportamientos que requerimos para mantener el desarrollo asimétrico y armónico al mismo tiempo en el contexto social? En otras palabras, ¿qué aprendizajes debemos alcanzar para desconectar nuestras preconcepciones existentes y así incorporar nuevas formas de ver el mundo, nuevos patrones de comportamientos que eleven nuestro nivel de entendimiento de lo social y lo humano como prerrequisito de las sinergias sociales requeridas para transformar la realidad?

El aprendizaje se nutre de la esencia de la incertidumbre, de los fundamentos de lo inestable, de la dinámica de lo volátil y de la lectura de lo ambiguo. El aprendizaje no está diseñado para mantenerse en la zona de lo cierto y conocido, es una nave que demanda zarpar a aguas profundas para concretar una adaptación inesperada, con el fin de tomar decisiones mejor informadas y así adelantar intervenciones educativas que sean el punto base de cambios de comportamientos que revelen cuanto hemos aprendido.

Así las cosas, el entorno se encarga a diario de crear nuevas visiones y espacios de trabajo, para proponernos el desarrollo de capacidades alternas que anticipen los nuevos inciertos, esas oportunidades que retan nuestros conocimientos previos y así, compartir experiencias renovadas de lo conocido, en medio de lo inesperado, como ese patrón de diseño que aparece para proporcionar una nueva experiencia de vida.

Aprender de la dinámica actual del mundo demanda una exigencia de racionalidad y de creatividad. Una racionalidad para conectar problemas reconocibles con soluciones probadas, una racionalidad para comprender en profundidad las características de objetos de interés y sus posibles explicaciones, una racionalidad que asume la causalidad como forma natural de comprender su entorno.

Así mismo la creatividad, como una oportunidad para liberar el pensamiento de lo racional y pensar en lo inesperado e inestable; como una función que descubre características inexploradas de los objetos y como una epistemología que desafía la causalidad como la única forma de comprender los fenómenos actuales.

Recuerde que, todas las transformaciones llevan consigo aprendizajes y cambios, renovaciones que quiebran el status quo de las cosas. Por tanto, si quieres estar alineado con las transformaciones globales, recuerda que debes alcanzar maestría como buen aprendiente, esto es, disposición y apertura para creer y experimentar, así como disciplina y confianza para volver a empezar.

EL Editor.

Referencias
Gros, B. y Mas, X. (2016) ¿Cómo aprender en red? En Gros, B. y Suárez-Guerrero, C. (eds) (2016) Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet. Barcelona, España: Octaedro-ICE Universidad de Barcelona. 55-75
Barreda, R. (1995) Aprendizaje. La función de educación en la empresa moderna. Madrid, España: Conorg, S.A.

domingo, 11 de junio de 2017

El ser y la cuarta revolución industrial

Los acelerados avances tecnológicos establecen retos para los seres humanos, retos que nos hablan de pérdida de empleos, mayor individualidad, suplantación de personas por robots, entre otros, que llaman la atención sobre la tensión que existe entre el desarrollo tecnológico y el desarrollo humano y social. La llamada cuarta revolución industrial alerta a muchos y emociona a otros, una realidad que no es posible detener como esencia natural de la necesidad del hombre para hacer las cosas de formas distintas.

Las evoluciones tecnológicas se han agilizado en los últimos cincuenta años. Mientras de la primera a la segunda revolución industrial y de la segunda a la tercera, la humanidad tomó más de un siglo en alcanzarlas, esta última ha tomado menos de medio siglo. Una evolución apresurada del mundo por alcanzar mayores niveles de desarrollo y bienestar para la sociedad y dar el salto cualitativo y cuantitativo de una mayor conquista de la naturaleza y la prevalencia de la ciencia y el conocimiento sobre la materia.

Evolución de las Revoluciones industriales 
(Traducción libre: Gráfica en plantillas de PresentationLoad)

Cada vez que la humanidad enfrenta un salto tecnológico, social, político o económico, se presentan ganadores y perdedores, un resultado propio de las sociedades que viven compitiendo por los recursos, fundadas en las elaboradas reflexiones económicas que nos hablan de cómo alcanzar riqueza material para mantener un nivel de vida que asegure un mejor bienestar para todos.

Esta nueva revolución industrial asistida de “redes de humanos, máquinas y cosas”, establece una nueva frontera para la humanidad e inaugura una nueva forma de interacción social: personas-cosas, cosas-personas, cosas-cosas. Este contexto digitalmente modificado, amplia la visión de la vida como la conocemos hoy, donde las tecnologías inteligentes comienzan a ganar espacios como referentes “cognitivos” que nos asisten en las decisiones del diario vivir.

Estamos pasando de una era digital a una era cognitiva, una era donde se quiere tener más respuestas en poco tiempo, más capacidad de reflexión y sobremanera mayor capacidad para anticipar tendencias hacia el futuro. Esta necesidad del hombre de avanzar y anticipar, demanda mayores exigencias de procesamiento y aprendizaje, que las propuestas recientes asociadas con inteligencia artificial están capitalizando con desarrollos tecnológicos que muestran sus bondades en problemas concretos como la salud, predicción del tiempo, la seguridad nacional, entre otros.

Así las cosas, las habilidades y capacidades humanas y profesionales que se requieren para asumir el reto de la transformación hacia lo cognitivo, pasa por una recuperación del ser individual y único que somos, por la lectura transversal del mundo que reconoce las relaciones vigentes y emergentes de la vida, por el fenómeno trascendente que la tecnología no logra explicar ni experimentar, como el sello indeleble de la humanidad que se resiste a perderse en la magia de las innovaciones tecnológicas.

La cuarta revolución industrial deberá considerar al SER como su apoyo fundamental para lograr las transformaciones que tiene previstas, sin él, sólo será un movimiento científico-tecnológico con muchos desfiles de modas, que sólo dejarán vacíos en la implementación de poderosas innovaciones, con pocas y nuevas conquistas humanas y muchas ganancias empresariales y ejecutivas.

El Editor