domingo, 2 de agosto de 2015

Liderazgo: servicio e innovación

Cuando se habla de liderar, no puede haber otra palabra que aparezca en el escenario que servir. El ejercicio de liderar, no es otro que donarse y encontrarse con el otro. Bien anota Roca (2012, p.33), “en el liderazgo el orden de los factores altera el producto. (…) No te equivoques: en el medio permanecerás, porque ni eres el primero, ni el último, y porque no eres el centro ni el protagonista. Serás líder cuando aceptes tu papel secundario, (…) sirves y … lideras”.

En este sentido, conforme pasan los días los líderes deben “mudar de piel y reinventarse a sí mismo” para mantenerse fuera de la zona cómoda, pues como dice Roca (2012, p.68) “no existe mayor inseguridad que tu propia seguridad acomodaticia”, lo que necesariamente implica que “no hay mayor seguridad que el cambio constante, que te mantiene despierto como líder”. Insiste este autor y concluye la meditación 113 con una advertencia: “Duérmete, y despertarás en el pasado”.

Por tanto, el líder debe distinguir entre el devenir y el futuro. Sobre este particular Manuci (2006, p.33) establece que mientras “el devenir es una dinámica abierta de sucesos emergentes que no garantiza un futuro”, “el futuro es una construcción; es el punto donde la organización coloca el sentido de su existencia”. En esta revisión, el autor declara: “el futuro se construye, el devenir se gestiona”. En consecuencia, no podemos estar en manos del devenir, sino lanzarnos a definir la “pintura del futuro” para que, como afirma Manuci (2006, p.35) podamos “desafiar las creencias, los modelos mentales y los hábitos con los que la organización define su propio espacio de competencia” y así crear un mapa enriquecido del presente con las memorias del futuro.

Cuando el líder se lanza a construir el futuro, debe saber que estará dispuesto a aceptar la contradicción, el desconcierto, la ambigüedad y la volatilidad como fundamentos de su ejercicio, como quiera que así podrá transitar por el camino de las posibilidades, más que el de las probabilidades. Así las cosas, deberá recabar en su “caja de herramientas” las habilidades suficientes y necesarias para, desconectar los puntos conocidos de sus modelo mentales y luego, lanzarse a reconectar, en presencia de otros elementos del entorno, la nueva realidad que desea elaborar y conquistar.

Si aceptamos entonces que, como advierte Manuci (2006, p.59), “el futuro no está determinado por el pasado”, y que “pequeños cambios pueden generar grandes transformaciones”, el líder debe enfrentarse a la incertidumbre de su entorno, para motivar pensamientos que recalibren trozos de información, revelen destellos en su ideas y asocien las diferencias en sus análisis, para que la imaginación, la creatividad y la intuición dibujen la visión del futuro donde estará transitando y dando cuenta de su compromiso para hacer que las cosas pasen.

Un líder no puede crear el futuro, sino está dispuesto a cuestionar su propia práctica y lanzarse a cruzar aguas profundas y desconocidas. Un ejercicio que no sólo lo debe cuestionar en su devoción al servicio, sino en su práctica de la humildad que, como afirma Roca (2012, p.42) “desnuda la arrogancia, la vanidad y el ego”.

Referencias
Roca, J. (2012) El líder que llevas dentro. Inteligencia espiritual para triunfar en la vida y en la empresa. Bogotá, D.C, Colombia :Ed. Planeta.
Manuci, M. (2006) La estrategia de los cuatro círculos. Diseñar el futuro en la incertidumbre del presente. Bogotá, D.C, Colombia : Ed. Norma

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