domingo, 16 de marzo de 2014

Huellas emocionales


Somos personas de emociones, de sentimientos, de manifestaciones corporales permanentes que comunicamos todo el tiempo lo que somos, podemos y deseamos. Somos una fuente de transmisión constante para el mundo y basta con sintonizar una frecuencia para encontrar esa realidad particular que define a un ser humano.

Seguir el rastro emocional de una persona, exige una escucha activa de sus expresiones particulares, de sus palabras, de sus deseos y sueños. Cada momento es una partitura especial de la melodía interior de los seres humanos, que describe sus motivaciones, deseos y realidades con la fidelidad que genera la proyección de sí mismo sobre su entorno.

Entrar en el seguimiento de los rastros emocionales implica explorar el mundo interior del ser humano; descender por las sendas de las creencias, de las experiencias y de los retos que definen la forma como cada individuo se enfrenta a descifrar su mundo y a conquistar sus propios temores. Es un proceso de reconstrucción permanente donde las huellas emocionales cambian y se matizan en medio del paisaje interior.

Muchos quisieran especializarse como sabuesos de estas trazas emocionales para encontrar respuestas a comportamientos, expresiones y acciones que las personas tienen, sin embargo, esta especialidad reviste una especial categoría espiritual, que pocos quieren recorrer, pues implica una viaje personal para desprenderse de las “seguridades humanas” para abandonarse en las “verdades divinas”.

Ser un analista de las huellas emocionales, implica haber recorrido sus propias trazas, reconocerlas, enfrentarlas y someterlas en el escenario de sus propias limitaciones y contradicciones. Esto es, sumergirse en las aguas inexploradas de la fe, de la esperanza y la caridad, donde se esconden las primicias de los que han cruzados los límites humanos y se han fundido en el crisol de las verdades eternas.

Nada más retador y valeroso que lanzarse a escrutar las huellas emocionales, un proceso que se debe adelantar con precisión quirúrgica, toda vez que en ellas se delinea una persona, su mundo, su historia, su pasado, su presente, su retos, sus sueños y sobre manera, la forma como se abre al mundo, bien para donarse en función de otros o para cerrarse como forma de protegerse de otros.  

Las huellas emocionales son la impronta permanente del hombre que se observa a sí mismo y a su entorno, el ejercicio de escucha profunda donde el ser humano reconoce su voz interior como base de su comunicación trascendente. Así las cosas, la claridad de la huella emocional estará asociada con la fidelidad de traza, esto es con la autenticidad de la expresión emotiva, que permita reconocer la profundidad de lo que se expresa y cómo afecta a su destino.

No te pierdas en el mar de huellas emocionales que a diario puedes ver, no te deje contagiar de emociones que te quitan la tranquilidad y roban tu energía, deja que fluyan tus deseos y motivaciones, para que las emociones positivas transformen tu vida y la virtud del escuchar “el trasfondo” de lo que sentimos, abra la puerta al discernimiento y nuevas percepciones superiores que reflejen el brillo de DIOS en cada uno de nosotros.

El Editor

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